Cajón de poemas, comentarios, artículos, noticias, reportajes, crónicas, notas varias, reflexiones, imágenes comentadas y todo aquello que me venga en ganas... Cuando me venga en ganas...
No siempre se hacen cosas con sumo placer y en ocasiones, por el contrario, se hacen cosas como si fueran una suma de placeres. Con la alternancia de un año sí y un año no, por circunstancias diversas y sin que respondiera a voluntad ninguna, he venido colaborando con la obra El Carnaval birlado del colega y amigo Manolo Camacho, que puso en marcha por aquello de la pandemia. Para la edición de 2023, compuse y escribí un pasodoble que me apetecía hacer desde hacía tiempo. No en vano, ya en la última cuarteta del popurrit de La comparsa del loco, dejé una pincelada de mis propósitos.
Digo que en esta ocasión fue una suma de placeres porque, además de contribuir a la hermosa iniciativa del colega Camacho, pude llevar a cabo mi intención de dedicar un homenaje póstumo a José Ramos Borrero Requeté, una leyenda de las coplas de los Carnavales de Cádiz con quien tuve ocasión de mantener una bonita amistad cuando me dedicaba a las tareas periodísticas en el periódico San Fernando Información. A raíz de aquella amistad, Requeté decidió considerarme su sobrino carnavalesco, título que llevo con considerable más honor y orgullo que cualquiera de las insignias y reconocimientos carnavalescos que me han concedido y me vayan a conceder.
El pasodoble, musicalmente, es casi un guiño detrás de otro del famoso estribillo que Requeté hizo para la chirigota El profesor Majareta y los niños probetas (1979). En cuanto a la letra, es palpable que se trata de una reivindicación del nombre de su autor para que nunca caiga en el olvido.
El montaje lo hicimos en la anterior sede a la actual de la Peña Carnavalesca Perico Alcántara de Chiclana, que nos dio todas las facilidades para ello. Pedimos una tarde entera para aprender el pasodoble, ensayarlo y grabarlo. Al final, lo hicimos todo en menos de una hora. Pero fue una hora de esas que se pasan volando, disfrutando a lo grande con la experiencia. Esa fue mi sensación y creo adivinar que la del resto del grupo también.
Allí nos reunimos Selu, Jesuly, Budy, Germán y un servidor, El Juanma. Y ojalá se perciba en el vídeo siquiera un atisbo del buen ratito que echamos aquella tarde. Un ratito de los buenos. De los irrepetibles por más que se busque repetirlo. Este no es el video oficial, por así decirlo, que se publicó en el libro, porque grabamos varios. Es otra toma. Y que ahora comparto. Salud.
Tiene el cielo a veces tanto deseo de precipitarse al vacío de los desérticos atardeceres litorales que parece no querer esperar a que las nubes se rompan en lluvia y las arroja al edén de las orillas para que el mar las deshaga con sus olas.
Melkart lunático, la noche del silencio, bajó la cabeza y claudicó ante el espacio abierto delante de sus ojos. Hasta los dioses se humillan cuando Naturaleza Madre se hace inmensamente presente. Y en Cádiz es bahía de paraísos y parque para nocturnas huellas celestes.
Las
coplas que me bebo por Carnavales
curan
mis males de un año entero. Por
eso siento a veces que sobran meses
en mi almanaque de eterno
Febrero.
Y
si me lo ofrecieran, como un bendito,
ahora mismito yo
firmaría
por que febrero fuera la vida entera,
la
existencia, con sus mil y una noches
y hasta el fin de los días.