Y a la hora de la siesta,
con esa procesión de migajas de pan repartías por la mesa
y ese aroma a café que se escapa por una ventana entreabierta,
dime quién no bosteza
si en cada casapuerta
vive el mismo sinvivir...
Y el Lorenzo atrevío
que me empapa de suave calor en su peregrinar repetío...
Cada tarde un abrazo, cada sobremesa el mismo recorrío,
hasta la media tarde,
que dibuja en mi rostro
su color encendío...
Y antes de suicidarse una tarde más
en aquel horizonte de añil
se entretiene conversando con el mar
y en su coloquio se acuerdan de mí...
La Loca. Carnaval 2006
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