Un alma muy buena
volando se me fue...
(Cuando aquel marzo de 1978 el destino me restregó en la cara la primera condena de dolor, yo contaba ocho años y medio justo. Mi abuela Isabel dejó la vida a un lado para siempre y yo quedé huérfano de la madre de mi madre, que también era madre mía en mi infantil corazón. Días después, no supe expresar mi dolor de otra manera que escribiendo un poema. Quise hacerlo así y así lo hice. El porqué no acierto a comprenderlo aún, aunque sí reconozco que la idea no era otra que recitárselo a mi madre, rota como pocas veces -si no ninguna- vi luego rota a hija alguna tras perder a su progenitora. Yo, niño, andaba roto también, pero aún desconocía el verdadero significado de la eterna pérdida de un ser querido. Hasta entonces, lo que más me había estremecido fue conocer vía catódica la muerte de Fofó. Y de poesía, sólo sabía recitar -eso sí, con sumo entusiasmo de incipiente rapsoda-, los versos lorquianos a la Virgen con miriñaque de la Soledad.
Espero poder escribir algún día largo y tendido sobre mi abuela Isabel, porque así lo deseo. Pero hoy quiero hablar de mi primer poema, del que recuerdo únicamente los dos primeros versos que cito arriba precediendo a este texto expositivo. El papel con aquel poema escrito lo guardó mi madre. Dónde está hoy, ni mi madre ni yo lo sabemos. Igual aparece algún día entre papeles viejos guardados; pero he buscado y rebuscado una y otra vez y el proceso ha sido del todo infructuoso.
Y lo que quiero decir a colación de todo esto es que yo sólo quería escribir un poema dedicado a mi abuela Isabel para recitárselo a mi madre una luctuosa tarde de aquel año ya lejano. No era mi propósito dar inicio a nada en mi vida. Yo sólo quería escribir un poema.
Pero supongo que aquel día ya empecé a sentirme poeta. Y no gasté un segundo de mis posteriores días de todos estos años en poner remedio a ello. La consecuencia es palpable por evidente, y aquí y así me veo. Nada que objetar. Y es tanto aún lo que deseo contener en más y nuevos versos que...; que, de verdad, no sé si habrá tiempo para tanto. Pero conste, y reitero en rigor de mi verdad, que yo sólo quería escribir un poema.).

